miércoles, 5 de junio de 2013

Balduino IV de Jerusalén, un símbolo de las Cruzadas

"ese joven leproso hizo respetar su autoridad al modo de los grandes príncipes como David o Salomón"

 Imad de Isapahán

A comienzos del segundo milenio, Europa Occidental se había embarcado en la aventura de la "Tierra Santa" y en un sueño de peregrinación para recuperar el Santo Sepulcro. ¿Acaso las Cruzadas no fueron una excusa perfecta para la apertura de rutas a Oriente?  Aquella ansiada tierra era para el Cristianismo, una mezcla de utopía y esperanza y para el mundo musulmán, un legado ancestral. Roma necesitaba acaparar ese territorio para mantener viva la tradición del viejo Imperio occidental. 

Hacia el año 1095 el papa Urbano II decidió embarcarse en la gran cruzada contra los que el mundo cristiano consideraba "infieles" y que implicaría el perdón de los pecados de quienes fueran protagonistas de semejante empresa. En 1099, uno de los principales generales de la primera cruzada, Godofredo de Buillón, logró la victoria en Jerusalén y fue coronado rey y defensor del Santo Sepulcro. Este suceso implicó que muchos funcionarios y cruzados se establecieran en los territorios conquistados determinando estados multiétnicos. Allí convivían tanto cristianos como judíos y musulmanes.

Jerusalén fue el escenario de la convivencia de estas religiones, de peregrinaciones pero también de masacres y persecuciones. Se cree que a los judíos no se les permitía el tránsito por la ciudad libremente, aunque sí podían ejercer el comercio y realizar sus rezos en el Muro de los Lamentos. Por su parte, a los musulmanes se les permitió el peregrinaje hacia la Meca.

En tiempos de Balduino

En este contexto histórico heredó Balduino IV el trono de Jerusalén en el año 1174 con trece años de edad y con una enfermedad que lo marcaría por el resto de su existencia: la lepra.
Cuenta la anécdota de que cuando Balduino era un niño, jugaba junto a otros que lo golpeaban y lo arañaban y éste no sentía ningún efecto. Alarmado Guillermo de Tiro, su educador, comprobó que casi no tenía sensibilidad en el brazo. Allí descubrió la señal de la lepra, sin embargo nunca se supo de donde la habría contraído. 

La lepra es una enfermedad infecciosa derivada del bacilo de Hansen, que genera que el enfermo pierda sensibilidad en sus terminaciones nerviosas, lo que hace que no reaccione ni a quemaduras ni a cortes, que se desgasten los huesos, los párpados provocando la ceguera y posteriormente en aquel entonces, la muerte. La lepra era, en la Edad Media, una enfermedad diabólica. Sin embargo, esto no fue un impedimento para el desarrollo de su reinado.

Durante la minoría de edad, Balduino fue regenteado primero por Miles de Plancy y luego por Raimundo III de Trípoli. Nunca se imaginaron estos gobernantes, que el leproso reinara por años y que además diera un heredero al trono y por ende, los nobles hicieron sus jugadas políticas para encontrar un sucesor a través de su hermana, la princesa Sibila y su hermanastra Isabel. Así Raimundo de Trípoli casó a Sibila con Guillermo de Monferrato en 1176 pero éste murió al año siguiente, dejando a Sibila embarazada del futuro Balduino V de Jerusalén.

Mas allá de la lepra

Balduino IV  por Edward Norton en la película "Kingdom of Heaven"
Aunque muchos seguían especulando con la debilidad de Balduino, éste fue protagonista de un reinado clave en el sitio de Jerusalén. Su mayor rival, su némesis, fue Saladino, referente del Islam, sultán de Egipto, Siria y amo de Palestina, Mesopotamia, Yemen, Hiyaz y Libia. "Saladín" como muchos lo llamaban, fue unificador de la política y la religión en el Oriente Próximo combatiendo fervientemente al cristianismo. Sin embargo, este hombre, que parecía invencible fue abatido por Balduino en varias ocasiones. Para mantener su hegemonía, Balduino hizo un giro político casando a su hermana con Guy de Lusignan, conde de Jaffa y Ascalón para que continuase su regencia en caso de terminar incapacitado.

Hacia 1182, Saladino decidió atacar los territorios cruzados, en especial Jerusalén. Allí Balduino logró frenar la invasión obligando a las tropas del gran sultán a retroceder hacia el río Jordán. Debilitado por la lepra, cabalgó cientos de kilómetros para negociar la rendición de Saladino. Al año siguiente, casi sin poder moverse y con tan solo 22 años, nombró regente a Guy de Lusignan. Un gran error puesto que éste demostró no estar a la altura de las circunstancias. Finalmente fue depuesto.

En 1184, moribundo en su lecho, Balduino IV nombró a su pequeño sobrino, quien llevaba su mismo nombre, a heredar el trono de Jerusalen regenteado por Raimundo de Trípoli hasta la mayoría de edad. En 1185, a los 24 años de edad, el gran monarca moría consumido por la lepra que hasta le había deformado la cara y el cuerpo. Su entierro fue en el monte Calvario.

Sin embargo su sobrino, Balduino V murió al poco tiempo de una extraña enfermedad. Algunos historiadores sostienen que fue envenenado por Raimundo de Trípoli. Por su parte, Guy de Lusignan decidió apoderarse del reino provocando un caos interno perfecto para que Saladino conquistara por fin Jerusalén en 1187, en la batalla de Hattín.

Balduino IV, el rey leproso, un hombre en la contínua búsqueda del sentido mas allá de su tormentosa y "diabólica" enfermedad ocultada tras una máscara, ha llenado de inspiración y respeto a quienes realmente conocen su historia. Hasta sus propios enemigos árabes se inclinaban ante su estoica y dolorosa figura. Un verdadero símbolo de las Cruzadas. 

Que la Historia no te olvide.
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jueves, 30 de mayo de 2013

Obituary: Rodney Hilton Medieval historian and advocate of the British Marxist tradition

With the death of Rodney Hilton, at the age of 85, we have lost one of the most outstanding medieval historians of the 20th century, and a leading figure in Marxist history. His great achievement was to reveal new dimensions of the lives of medieval peasants and townspeople, and to outline the dynamic forces behind economic and social change.
He was born in Middleton, Lancashire, and brought up in a family with Unitarian and Independent Labour party traditions. He went to Manchester grammar school, and then to Balliol college, Oxford. He encountered at Balliol such medievalists as VH Galbraith and Richard Southern, and the Marxist historian of the 17th century, Christopher Hill.
Hilton practised leftwing politics in the Labour club and the Communist party, in the company of such activists as Denis Healey. In the turbulent late 1930s he still found time to work hard on his thesis, which he completed well within the three years now regarded as virtuous. He applied a Marxist analysis to the rural economy of Leicestershire between the 13th and 15th centuries, focusing on the emergence of agrarian capitalism. He left the Communist party in 1956, but then supported the New Left, and remained a steadfast advocate of the British Marxist tradition throughout his life.
He was reluctant later in life to say a great deal about his four years in the army during the second world war, but his experiences had a profound effect. In active service in North Africa, Syria, Palestine and Italy he saw terrible things, but there were lighter moments, such as inventing a cocktail by mixing gin and Owbridge's Lung Tonic in some remote middle eastern officers' mess. His politics gave him contacts with local people which were denied to most officers. As an historian, he was able to observe peasants at first hand, and he kept up an interest in the medieval near east after the war.
At the end of his military service in 1946, he was appointed to a lectureship at Birmingham university, after a no-doubt searching interview in the bar of the Mitre Hotel, Oxford, and he remained at Birmingham until his retirement in 1982. He was appointed to a personal chair in medieval social history there in 1963, and served for some years as head of the school of history in the late 1960s, a post which he gratefully relinquished to concentrate on research.
He took medieval peasants seriously, as people with ideas, who were able to organise themselves in purposeful actions. His writing about the peasant revolts at the beginning of his career included a book on The Revolt Of 1381 (with H Fagan, 1950). In 1973, Bondmen Made Free marked a return to these themes; it was a deservedly influential book which surveyed peasant unrest over many centuries and countries, and focused on the 1381 rising. Hilton saw in that rebellion, led by John Ball and Wat Tyler, a coherent programme and lasting effects, both of which were denied by historians who were less sympathetic towards the rebels. Hilton had been encouraged to revive his interest in revolts by the student rebellions of the 1960s, including the Birmingham "sit-in" of 1968.
In the 1970s he was enthused by developments in the social sciences, returning always to the founders of social science, Marx and Weber. This bore fruit in The English Peasantry In The Later Middle Ages (1975), the book of the Ford lectures which he delivered at Oxford in 1973. It contains the most satisfying discussion of the term "peasant" found in any recent historical writing.
Hilton's work kept up with new trends: he wrote about women in the 1970s, for example, and explored literature, such as the ballads of Robin Hood, as an insight into popular mentalities. He played an important role in developing the history of towns, which had been neglected in the general enthusiasm for peasants and agrarian studies in the previous decades. Just before he retired in 1982, and in the next few years, he published a series of innovative studies of medieval towns, placing them firmly in the framework of feudal society, not as the beginnings of modernity.
Hilton's work was deeply rooted in impeccably researched details from the archives, especially in the west midlands. His third book was an exploration of the west midlands region, circa 1300, in the manner of the regional studies then popular in France.
The development of archaeology as a source of historical information was helped by his organisation of an excavation of a deserted medieval village, with Philip Rahtz as the director. Hilton then boldly persuaded the university to appoint a lecturer in medieval archaeology in the school of history.
Telling examples and colourful episodes from the archives are found throughout his work, like the disorderly conduct of the turbulent and quarrelsome people of the small town of Halesowen in Worcestershire, whose behaviour demonstrated the social disruption caused by the growth of a new town.
He encouraged students to "do research", and the result was a steady stream of postgraduates who went on to produce work under his influence, and who are sometimes called "the Birmingham school". A typical example of the intellectual and social style that he encouraged was the "Friday night seminar", organised by postgraduates, in which a group met in a house or flat, each armed with a bottle of wine. Visitors wondered at the quality of discussion as the drink flowed.
Hilton's influence helped to change historical thinking in the second half of the 20th century. As a leading figure in the Communist party's historians' group his contribution might seem to have been confined to a small circle, yet one of the fruits of those discussions, a collective study of The Transition From Feudalism To Capitalism was eventually published in book form in 1976, when Marxist history was no longer regarded with such hostility. Out of the historians' group came the journal Past And Present, which sought to build bridges between Marxist historians and open-minded non-Marxists. After shaky beginnings in the 1950s, the journal grew into the leading historical forum for airing new ideas.
He spread his message about the importance of ideas in historical discourse throughout the world, partly through Past And Present, and partly through his wide range of international contacts. He gave lectures and attended conferences abroad, attracted research students from Israel and Argentina, was translated into many languages, and welcomed scholars from eastern and western Europe and the third world into his home. In the 1970s and 1980s he achieved the difficult feat of being admired by radical youth, while winning the acceptance of the establishment as a fellow of the British Academy (elected in 1977).
Those who spent time with Rodney Hilton appreciated his informal, irreverent and boisterous style. He gave his opinions robustly, and no one could get away in discussion with platitudes or a weakly supported generalisation. Any criticism, however, was usually delivered with good humour. He discussed theory and general ideas, but in unpretentious language, without jargon, and with such good sense that even hostile listeners found it hard to argue back. His conversations, though directed towards serious purposes, usually took place in bars or in the presence of uncorked bottles, and there was much profanity and outbursts of laughter.
He was married first to Margaret, with whom he had a son, Tim, a former art critic of the Guardian. By his second wife, Gwyn, he had two children, Owen and Ceinwen. His third wife, Jean Birrell, who also writes on medieval social and economic history, supported him through his most productive years and looked after him to the end.
Rodney Howard Hilton, historian, born November 17 1916; died June 7 2002.

Fuente: Diario The Guardian

lunes, 13 de mayo de 2013

Los escoceses votarán en 2014 si se separan o no del Reino Unido, 700 años después del triunfo de Robert Bruce en Bannockburn

El líder nacionalista Alex Salmond desvela la fecha de la consulta 14 meses después de poner en marcha el referéndum de independencia, aceptado por Londres en octubre pasado

Catorce meses después del anuncio solemne en Edimburgo de un referéndum de independencia para Escocia, la consulta impulsada por el gobierno nacionalista tenía desde octubre la carta de naturaleza legal (transferida temporalmente por el parlamento británico). Se conocía ya la redacción de la pregunta (debidamente enmendada por la Comisión Electoral británica), así como los argumentos en favor y en contra de ambos bloques políticos. Solo faltaba una fecha concreta. Y la espera generaba desde hace tiempo irritación entre los partidos británicos. Hasta hoy. 

El presidente escocés, Alex Salmond, ha anunciado este jueves desde el parlamento de Holyrod que el referéndum se celebrará finalmente el jueves 18 de septiembre de 2014, y ha defendido: «¿Por qué tendríamos que estar representados en la UE por los escépticos de Europa en lugar de ser influyentes dentro?». «Un voto afirmativo implica que sabremos con un 100% de certeza que los escoceses tienen el gobierno al que han votado», ha afirmado, en relación a las leyes aprobadas por el parlamento de Westminster, donde tienen mayoría los dos partidos menos votados en Escocia, conservadores y liberales. 

Horas antes del anuncio, la «número dos» del gobierno regional, Nicola Sturgeon, había defendido que «todo el mundo en Escocia, sea cual sea el lado en el debate que ocupan, reconocerá que esto es un hito en el camino hacia el referéndum». El gobierno escocés, que ya está tramitando la legislación que permitirá votar a los escoceses de 16 y 17 años en la consulta (la edad de voto es de 18 años), ha presentado también la ley que regula las condiciones de desarrollo del referéndum, en cumplimiento de la transferencia temporal de competencias recibida del parlamento Westminster.


Salmond y Cameron sellan el acuerdo político que avala la consulta, en Edimburgo en octubre pasado

Un calendario lleno de emociones
La tardanza en anunciar una fecha concreta ha desatado estos meses un cúmulo de apuestas y teorías -no podrá ser en sábado para no enajenar a ciertas minorías religiosas, decían algunas cábalas-. Las quinielas, como la de la edición escocesa de «The Sun», situaban la consulta un mes más tarde, hacia el 18 de octubre, por lo que los exégetas de las decisiones políticas corrían este jueves a cruzar efemérides y hemerotecas. La fecha no parece coincidir con ninguna oscura gesta pretérita. Pero el calendario promete emociones fuertes para cuando los residentes en Escocia mayores de 16 años (un censo que excluye a escoceses ilustres no residentes como el actor independentista Sean Connery) se acerquen a las urnas.
A finales de mayo, las elecciones europeas de 2014 habrán agudizado el debate euroescéptico al sur de la frontera anglo-escocesa. El 24 de junio del año que viene, las banderas azules con la cruz de San Andrés ondearán alto por el 700 aniversario de la Batalla de Bannockburn, en la que el héroe escocés Robert Bruce derrotó al rey inglés Ricardo II. El previsible fervor patriótico dará paso a las competiciones deportivas de los Juegos de la Commonwealth del verano, en los que Escocia actuará como anfitriona y nación independiente. Y ocho días después del referéndum, la localidad escocesa de Gleneagles albergará el torneo Ryder Cup de golf. No comparte el optimismo de Salmond la líder de la oposición, la laborista Johann Lamont, que lleva sobre sus espaldas –en calidad de fuerza unionista más votada en una región en la que la presencia de los «tories» es testimonial– el peso de la campaña por la permanencia en el Reino Unido. «Escocia ha esperado demasiado tiempo, tanto como para conocer la fecha como para abordar un debate serio sobre el referéndum, y mientras el primer ministro Salmond jugaba con la fecha, dejaba de cumplir con su trabajo, que es gestionar el país y centrarse en la presión que sufren nuestros servicios públicos y nuestras familias». Lamont ha acusado al líder nacionalista de «pomposidad» en su anuncio de la fecha. 
Tras el lanzamiento de su propuesta de referéndum en enero del año pasado, Salmond ha visto cómo se iban materializando las dudas que plantea un proceso trufado, a los ojos de muchos, de fuertes obstáculos políticos y económicos. El más obvio, la carencia de competencias para convocar una consulta, un impedimento constitucional solventado el pasado octubre cuando el primer ministro británico, David Cameron, y el propio Salmond firmaron el llamado Acuerdo de Edimburgo, por el que el parlamento británico y el gobierno central transfieren de forma temporal al parlamento escocés las competencias necesarias. El nacionalismo escocés, que alcanzó en 2011 una histórica mayoría absoluta que permitió la reelección de Salmond con el referéndum debajo del brazo, quería plantear la siguiente pregunta a los escoceses: «¿Está de acuerdo en que Escocia debería ser independiente?». 
Pero la Comisión Electoral, el órgano nacional que velará –por insistencia del gobierno central– por las garantías del proceso de consulta, decidió el pasado 30 de enero exigir una formulación más «neutral». El Ejecutivo escocés ha aceptado que la redacción final sea: «¿Debería Escocia ser un país independiente?»
Hostilidades abiertas
El mes pasado los partidos abrían las hostilidades en torno a la pregunta con el lanzamiento de la campaña «Mejor juntos», que reunirá a laboristas, conservadores y liberales bajo la batuta de Alastair Darling, ex ministro de Finanzas con el laborista Gordon Brown. El gobierno de Londres lanzaba su primera andanada con un informe jurídico que concluye que una hipotética Escocia independiente debería renegociar hasta 14.000 tratados internacionales, incluidos los de adhesión a organismos como la UE o la OTAN. En un escenario de secesión, el escocés Darling advertía –a la inglesa– que «no actuaríamos desde el rencor, pero las dos partes defenderán el mejor resultado para sus ciudadanos».
Salmond contratacó con un «contra-informe» económico en el que un grupo de economistas, incluido el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, avalaba la viabilidad financiera de una Escocia independiente, pero siempre que mantenga una unión monetaria con Gran Bretaña, la libra esterlina como moneda y al Banco de Inglaterra como prestamista de última instancia. Con las competencias legales, la redacción de la pregunta, los argumentos a favor y en contra y, desde hoy, la fecha de la convocatoria, solo queda jugar el partido definitivo: el de la voluntad de los escoceses. Y, por ahora, no parecen vibrar con la idea de separarse. Los últimos sondeos apuntan a un 23% de apoyo a la independencia, la cifra más baja desde el restablecimiento de la autonomía en 1999.

Fuente: Diario ABC




domingo, 12 de mayo de 2013

Aparece una cripta medieval en el subsuelo de la 'Parroquieta' de la Seo

El hallazgo, oculto bajo toneladas de carbón, apunta que podría ser el sepulcro de Lope Fernández de Luna. Entre los restos figuran abundantes estatuas de tamaño natural que están siendo analizadas.

Oculta bajo seis toneladas de carbón, ha permanecido durante siglos una espectacular cripta bajo el suelo de la parroquia de la catedral de San Salvador de Zaragoza, conocida popularmente como la Parroquieta de la Seo. El hallazgo está siendo investigado por arqueólogos y expertos en Historia Medieval, aunque algunos indicios apuntan a que podría ser el emplazamiento original del sepulcro de Don Lope Fernández de Luna, arzobispo de Zaragoza en el siglo XIV y ascendiente directo del Papa Luna, Benedicto XIII.

Su sarcófago y estatua yacente es obra del escultor gerundense Pere Moragues y está expuesto en un arcosolio de la iglesia, construida de propio para albergar el enterramiento de este insigne personaje del Reino de Aragón. Tanto el Cabildo Metropolitano de Zaragoza como Patrimonio del Gobierno de Aragón están al corriente de este hallazgo, que está siendo objeto de estudio. Aún no hay conclusiones definitivas de los resultados de la investigación.
      El párroco del templo, Gregorio Forniés, en el interior de la cripta hallada bajo la parroquia de la Seo.
El empeño personal del párroco del templo, Gregorio Forniés, ha sido decisivo para que vea a la luz esta estructura formada por un habitáculo de unos 30 metros cuadrados, de contundentes sillares todavía ahumados por la escoria del carbón que se almacenaba en la sala y que abastecía la calefacción de la Seo.
Tras la llegada de Forniés a la parroquia, este retiró el carbón que todavía se almacenaba en el interior y aparecieron enterradas bajo el suelo primitivo, un buen número de estatuas de personas y santos casi de tamaño natural. Se aprecian construcciones añadidas con posterioridad, ya que en algún momento determinado de la Historia se llegó a construir un nuevo nivel para albergar viviendas de los trabajadores que edificaron la catedral. Las estatuas podrían formar parte del conjunto del monumento funerario de don Lope Fernández de Luna.
No se han realizado más catas en este espacio, en pleno corazón turístico y de devoción de la ciudad. De hacerse, podrían aparecer muchas más sorpresas, debido a que se encuentra en la parte con más riqueza histórica y arqueológica de la ciudad.
Fuente: El periódico de Aragón

domingo, 28 de abril de 2013

Nota de archivo: La forja de la mentalidad burguesa

Crisis y orden en el mundo feudoburgués, de José Luis Romero, es uno de los libros fundamentales del historiador argentino. A continuación se anticipa el prólogo inédito que el especialista francés Jacques Le Goff escribió para la reedición de esta obra publicada por Siglo XXI.


José Luis Romero


Crisis y orden en el mundo feudoburgués es un componente esencial del gran proyecto histórico que una muerte prematura, en 1977, le impidió a José Luis Romero llevar a cabo. Ya en 1948 había concebido claramente su emprendimiento y lo explicó en su ensayo El ciclo de la revolución contemporánea .
Concebía esta larga historia como una sucesión hecha de crisis y de recuperaciones, de rupturas y de nuevos equilibrios -un ciclo- y expresaba el sentido de todo su proyecto con dos palabras: revolución y contemporánea . Para Romero, el orden, el equilibrio, no perduraban en la evolución histórica: en el corazón mismo de los sistemas históricos nacían las crisis que luego engendraban las revoluciones. El trabajo del historiador debía explicar este ciclo. Esta exigencia de larga duración permite entender el interés hacia la obra de José Luis Romero manifestado por Fernand Braudel, quien aceptó el pedido del historiador argentino de escribir un texto sobre L´Europe et l´Amérique 1531-1700 que, al igual que el texto encomendado a Lucien Febvre, ha quedado como borrador inédito. Sin embargo, esa exigencia es muy distinta del concepto de una historia prolongada hasta la continuación, de una historia inmóvil ideada por ciertos etnohistoriadores del siglo XX bajo la influencia de la antropología estructuralista.

José Luis Romero concibe una historia en constante movimiento y su ambición es la de analizar y explicar esta historia cambiante. El título mismo del libro lo expresa: crisis y orden. Pero la otra palabra esencial es contemporánea . El carácter inconcluso de la obra de José Luis Romero y la importancia del período medieval tomado como momento crucial de la formación y del comienzo de la crisis del sistema histórico esencial de la modernidad -la burguesía- han tenido como efecto el de circunscribir la imagen de José Luis Romero a la de un medievalista. Por cierto, fue un gran medievalista, uno de los que revolucionaron, que renovaron profundamente, la imagen de la Edad Media. Inventó el término que, sin lugar a duda, quedará por largo tiempo ligado a esta época: el de feudoburgués , una de las grandes innovaciones del vocabulario historiográfico. Pero quiso ser un historiador del mundo contemporáneo, y explicarlo a través de un largo pasado en el cual el período medieval era decisivo. [...]

El conjunto de los cuatro volúmenes que debían componer la ambiciosa obra de José Luis Romero debía titularse Proceso histórico del mundo occidental . Se limitaba -si así puede decirse- a Europa y, después de la Edad Media, a Occidente. Pero José Luis Romero incorpora, a partir del siglo XVI, al nuevo mundo extraeuropeo descubierto, conquistado y colonizado por los europeos. [...]

La obra completa debía constar de cuatro tomos, que explicarían cronológicamente cuatro momentos sucesivos del ciclo revolucionario: La revolución burguesa en el mundo feudal (siglos III y XIII) (1967), el presente libro Crisis y orden en el mundo feudoburgués (siglos XIV a XVI), publicado incompleto a título póstumo en 1980, y los que no fueron escritos: Apogeo y ruptura del mundo feudoburgués (siglos XVI a XVIII) y finalmente El mundo burgués y las revoluciones antiburguesas (siglos XVIII a XX).
El espíritu de la obra había sido delineado en tres artículos que fueron reunidos y publicados bajo el título Ensayos sobre la burguesía medieval en 1961. En el primero de estos ensayos, "El espíritu burgués y la crisis bajomedieval", José Luis Romero volvió a encontrar en los textos medievales la concepción de Georges Dumézil, que tal vez no había leído, de una idea indoeuropea del esquema de la sociedad tripartita ( oratores , bellatores , laboratores ), casi al mismo tiempo en que Jean Batany, Georges Duby y yo mismo la descubríamos.

De la diferenciación del grupo de los labradores , núcleo central que iba a impulsar la revolución, hacía Romero nacer la burguesía, cuyos pasos se proponía seguir hasta nuestros días. De esta manera se explicaba cómo la burguesía se desarrolló a través de los conflictos que la oponían estructural e históricamente a los otros dos órdenes, los oradores y los guerreros ( bellatores ), que llama defensores , siendo para él el motor de la historia las oposiciones y las luchas entre estas categorías sociales que no llama clases sino brazos . Son estos conflictos internos, estas tensiones, las que explican la transformación y el desarrollo de la historia siempre en movimiento. También en el interior de la burguesía, son los subgrupos los que la animaron; y en particular "frente a la agricultura, artificium y pecuniativa". Finalmente, en el interior de la burguesía se impuso la alta burguesía, el patriciado.

La concepción histórica de José Luis Romero abarca todos los campos de actividad de las sociedades históricas. Su obra es el más bello ejemplo que conozco de esta historia global preconizada y jamás realizada en su totalidad por los historiadores franceses de Annales . En Crisis y orden en el mundo feudoburgués escudriña sucesivamente tres perspectivas de este mundo. Primero, la perspectiva económica; en este campo, la innovación de la nueva sociedad es la economía de mercado, que hace nacer en el seno de la sociedad feudoburguesa las contradicciones de la vida económica y las tensiones de la vida social . Luego, la perspectiva política que define, frente al desvanecimiento del orden ecuménico del Imperio y del Papado, como la política del realismo en vigencia en las ciudades de desarrollo autónomo y en los estados territoriales (no habla de naciones) donde se integran la política de las clases nobles y la de las burguesías . Finalmente, la perspectiva de las formas de vida (siempre conflictiva), que evoca el célebre capítulo de La sociedad feudal de Marc Bloch (1939-1940) sobre "las maneras de sentir y de pensar"; analiza allí la vida rural con su prolongación de grupos marginales: mendigos, rebeldes y bandidos, y la vida cortesana . Tendría que haber concluido con un capitulo titulado "El mundo urbano". José Luis Romero tampoco tuvo tiempo de escribir una cuarta parte sobre "La prefiguración del mundo feudoburgués" en la que la transformación de la "imagen de la realidad y las renovaciones de las mentalidades habrían ocupado el lugar principal.

En la historia global de José Luis Romero, la perspectiva religiosa y la perspectiva cultural ocupan también un lugar importante, siempre integradas en una visión a la vez sintética y dinámicoconflictiva. En La revolución burguesa en el mundo feudal José Luis Romero, que hacía comenzar su ciclo revolucionario en la crisis del Imperio Romano en el siglo III, muestra primero la formación en la Antigüedad tardía y en la Alta Edad Media de un orden cristianofeudal que luego desembocará en el mundo feudoburgués , subrayando así el carácter religioso de los orígenes de la Edad Media y dedicando un capítulo importante a las formas de la mentalidad religiosa . Este orden cristianofeudal confiere a la nueva sociedad una ecumenicidad que la Edad Media irá fragmentando.

El arte y la literatura son expresiones y testigos privilegiados de las sociedades históricas. José Luis Romero ha sido uno de los historiadores más cultos de su tiempo y que ha dado a los testimonios artísticos y literarios un lugar particularmente impactante, en contraste con el relativo silencio de los medievalistas acaparados por las fuentes jurídicas (que no desdeña). [...]
En esta visión global de la sociedad y de la historia, José Luis Romero asigna, como resultado y causa de los cambios, una importancia particular a los factores psicológicos e ideológicos. Empezó a llamarlos espíritu para luego [...] darles el nombre de mentalidades . El término invadió La revolución burguesa en el mundo feudal y había de ser enteramente el objeto de la cuarta parte no escrita de Crisis y orden en el mundo feudoburgués . Pero para él la mentalidad incorpora la sensibilidad (las últimas páginas de La revolución burguesa se titulan "Los cambios generacionales de la sensibilidad") y el comportamiento. Un capítulo: "Nuevas actitudes y nuevas mentalidades" abre la cuarta y última parte de La revolución burguesa. Y en los ensayos de 1961, Romero describe las "nuevas formas de convivencia". Es claramente todo lo cotidiano del hombre en sociedad lo que José Luis Romero abarca y revela a través del concepto de mentalidad.

En el ensayo de 1961, donde el término espíritu anuncia el de mentalidad , el espíritu burgués se define con la puesta en vigencia de un jus mercatorum , el deseo de enriquecimiento , la aspiración a la libertad individual , la acentuación del individualismo , la preocupación por la seguridad , el gusto del lujo , la comunión con el arte y la naturaleza , la tendencia al hedonismo , el goce de vivir . Ilustran esta nueva mentalidad, según el conservador Dante, laudator temporis acti , los florentinos de finales del siglo XIII y principios del siglo XIV.

Me sorprende que José Luis Romero en su admirable síntesis no haya acordado más presencia a la iglesia y a los intelectuales, excepción hecha de los juristas y retóricos de la economía. En este libro, Tomás de Aquino no es citado más que una sola vez por su teoría del "precio justo" tan importante para la actividad económica de los burgueses. Hay, por cierto, dos hermosas páginas (514 y 515) en La revolución burguesa sobre la iglesia "vigorosamente integrada en la sociedad, de la que era casi como el armazón o el esqueleto" pero rápidamente pasa a tratar lo que Dios representa para los medievales. Más que la institución religiosa, es la religiosidad de los fieles lo que concentra su atención; más que los intelectuales, son las ideas encarnadas, inspirantes las que lo cautivan. Es la sociedad concreta la que lo atrae y aquí, otra vez, no son las instituciones escolares y universitarias tan importantes, sin embargo, para las ciudades autónomas como para los estados territoriales . Puede pensarse que esta ausencia se deba a que su visión era ante todo la de un cambio de las sensibilidades y de los comportamientos sociales concretos. Trata el tema de los intelectuales en un capitulo en el que describe las formas de la mentalidad religiosa y lo hace a través de las manifestaciones de la cupiditas scientiae . De los Padres de la Iglesia a Abelardo, San Bernardo o Raimundo Lulio (hombres sentimentales y apasionados), sus intelectuales de la Edad Media no son pensadores sino hombres de deseo, en busca de placeres intelectuales. O bien cuando Romero habla del conocimiento , se trata esencialmente de un saber empírico y no filosófico o teológico. [...]
La obra inconclusa de José Luis Romero, de la cual este libro es un componente central por los temas y la cronología, permanece como uno de los monumentos más impresionantes y más notables de la historiografía de la segunda mitad del siglo XX. [...]

Permítanme terminar aludiendo al parentesco de sus ideas con las de sus contemporáneos de los Annales . Ya he subrayado su pasión por una historia que sea fundamentalmente una historia social, pero hay más. La imagen, la nueva imagen que le ha aparecido en el corazón del fenómeno burgués, y por consiguiente de la reflexión y de la pasión del historiador, es la de hombre. José Luis Romero ha sido un gran pionero de la antropología histórica.

Por Jacques Le Goff
(Traducción de Pierre Horlent y Laura Muriel Horlent Romero)
Fuente: Diario LA NACION

martes, 23 de abril de 2013

China halla el posible sepulcro de un déspota medieval


Arqueólogos han confirmado el descubrimiento de dos sepulcros medievales del siglo VI en plena ciudad de Yangzhou, en el este de China. Uno de ellos podría pertenecer al emperador Yang Guang de la dinastía Sui.



Las tumbas de ladrillo fueron descubiertas accidentalmente durante unas obras de construcción. Los científicos lograron suspender los trabajos y empezar las excavaciones arqueológicas. Como resultado, han hallado dos tumbas y un pasillo de 8,2 metros de largo y cinco metros de ancho. Cada sepulcro tiene una superficie de unos 30 metros cuadrados, informa la agencia Xinhua, citando la Oficina Municipal de Reliquias Culturales de Yangzhou.


El problema es la ausencia total de huesos y objetos funerarios. Solamente una estela de piedra hace referencia con un epitafio a Yang Guang. 

Además, los arqueólogos han descubierto adornos de jade, signos tradicionales de los funcionarios medievales chinos, junto con monedas antiguas y restos de objetos de cobre. A pesar de que el número de pruebas arqueológicas es modesto, su valor histórico es altísimo, subrayan los científicos. 


El emperador Yang Guang gobernó desde 604 hasta 617 y completó grandes proyectos de ingeniería, en particular, la construcción del Gran Canal, donde trabajaron dos millones de obreros. También el gobernante tuvo un papel decisivo en la reconstrucción de la Gran Muralla de China, donde murieron 6 millones de personas. Durante el reinado de Yang Guang, ocho millones de chinos trabajaron en la construcción de palacios, carreteras, equipos de asedio y barcos. 

La construcción excesiva y las derrotas militares del emperador provocaron un levantamiento popular en el norte de China. Yang Guang trató de escapar hacia el sur, pero fue estrangulado por un general. La dinastía Sui dejó de existir con él en el año 618. 

En la literatura china, este emperador está retratado como uno de los mayores déspotas de la historia del país.  

Fuente: RT - Sepa Mas



lunes, 15 de abril de 2013

¡ Carnaval !

Mijaíl Bajtín, crítico literario y filósofo soviético elaboró una teoría sobre el carnaval basado en el estudio de la cultura popular de la Edad Media. Veamos que propone pero antes, pensemos la frase de Claude de Rubys: 


“A veces es conveniente permitirle al pueblo que se haga el tonto y se divierta (…) no fuera el caso que dominándolo con excesivo rigor, le hiciéramos desesperar… Abolidos estos juegos alegres, la gente acude a las tabernas, bebe y empieza a parlotear, los pies bailando debajo de la mesa, a hablar del rey, de los príncipe … del Estado y de la justicia y redacta panfletos escandalosos y difamatorios”


Sin duda el carnaval ha sido una válvula de escape para los miembros de las sociedades jerárquicas, estructuradas y con un “sentido preindustrial del tiempo”. El carnaval según Bajtin, es siempre una fuente primaria de liberación, destrucción y renovación que se convierte en una segunda vida, una segunda realidad para el pueblo. No refuerza las instituciones y los ritmos serios de la sociedad como en las otras teorías funcionales, sino que ayuda a cambiarlos.


¿Cuál es el carácter del mal gobierno en la Francia de la Baja Edad Media? 

El empleo de la ingeniería de los reinos y abadías de aquellos tiempos no sólo proporcionaba una inversión carnavalesca de la categoría en relación a un rey lejano o un monasterio cercano, a quienes tal vez los campesinos debían servicios y tributos, sino que también brindaban un gobierno que los jóvenes ejercían sobre otras personas y quizás también una hermandad que existía entre ellos y ofrecía posibilidades de burla y escarnio. Un vez que surgió la Reforma protestante, la nueva Iglesia fue el blanco legítimo de las burlas. Muchos pastores se esforzaron por eliminar las abadías y las costumbres de la Suiza reformada.

Para Umberto Eco, el carnaval se define como una transgresión autorizada establecida como una ley de la cual todos los participantes son conscientes. Afirma que “sin una ley instituida y tenida como válida, no hay carnaval posible”. ¿Por qué? Porque las sociedades actúan según órdenes y mandatos, y con ello van configurando su cultura. A su vez, la definición de lo cómico es lo que nos lleva a la idea de Carnaval donde hasta los reyes se comportan como el pueblo y donde la conducta se convierte en nuestra propia regla.

¿El carnaval es la revolución o la revolución es el carnaval?

Hoy en día, los medios masivos de comunicación, que sin duda son instrumentos de control social se basan principalmente en lo chistoso, en lo ridículo, en la carnavalización continua de la vida. Para apoyar el universo de los negocios, no hay mejor negocio que el espectáculo. Para disfrutar del carnaval, se requiere que se parodien las reglas y los rituales y que estas reglas y rituales sean reconocidos y respetados. Se debe saber hasta que grado están prohibidos ciertos comportamientos y se debe sentir el dominio de la norma prohibitiva para apreciar su transgresión.


Volviendo a Eco, el carnaval puede existir sólo como una transgresión autorizada. Junto con la comedia representan claros ejemplos del reforzamiento de la ley. Nos recuerdan la existencia de la regla. A su vez, el humor es metasemiótico, pues a través del lenguaje verbal se ponen en duda otros códigos culturales. El humor no pretende como el carnaval llevarnos mas allá de nuestros propios límites, sino que nos da la sensación de la estructura de nuestros límites. No nos promete liberación sino que nos advierte de la imposibilidad de una liberación global, recordándonos la presencia de una ley que ya no hay razón para obedecer. En definitiva, el humor es un carnaval frío.


Las manifestaciones de la cultura popular

Existen manifestaciones de la cultura popular que para Bajtín son de suma importancia y que reflejan el estado de la cuestión. En primer lugar las formas y rituales del espectáculo por medio de festejos y carnavales. En segundo lugar, las obras cómicas y verbales expresadas en las parodias y en tercer lugar las diversas formas y tipos de vocabulario familiar y grosero plasmados en los insultos y los lemas populares.

Tanto ritos como espectáculos organizados de manera cómica, ofrecían una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas totalmente diferente, deliberadamente no – oficial y exterior a la Iglesia y al Estado. Parecían construir un mundo paralelo y una segunda vida de los hombres medievales. Una dualidad del mundo. El folklore de los pueblos primitivos se relaciona con los cultos serios y  la existencia de cultos cómicos convertían a las divinidades en objetos de burla y blasfemia.

El principio cómico que preside los ritos carnavalescos los exime completamente de todo dogmatismo religioso o eclesiástico, del misticismo, de la piedad y están desprovistos de carácter mágico. Son una verdadera parodia del culto religioso. El carnaval no es tampoco la forma puramente artística del espectáculo teatral, y en general no pertenece al dominio del arte. En realidad es la vida misma presentada con los elementos característicos del juego. Los espectáculos no asisten al carnaval, sino que lo viven ya que el carnaval esta hecho para todo el pueblo. 


Es imposible escapar porque el carnaval no tiene espacio temporal.




Fuente: Bajtín, M. La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, Madrid, 1987.