Realistas Medievales y Nominalistas Entre los más destacados seguidores del Realismo Medieval se cuentan personalidades cuyas ideas aún se citan y se analizan. Tales como
San Anselmo de Canterbury,
Escoto Eriúgena, y otros representantes de la etapa en que los teóricos eclesiásticos conjugaban la fe con la razón.
Esto lo entendieron según diferentes grados de influencia entre fe y razón, preparando así de cierto modo al entonces todavía lejano Renacimiento. Comenzaba el debate que hoy se refleja en el fructífero diálogo ciencia-religión a la luz del paradigma de la modernidad.
Como tendencia contraria al Realismo, surgió la que agrupó a quienes alegaban que los Universales sólo eran nombres que tomaban los conceptos generales, sin que constituyeran nada real.
Esta manera de pensar acabó formando el Nominalismo, corriente de pensamiento que tuvo como principales exponentes a
Guillermo de Occam y de cierta manera a
Duns Escoto, y no poca influencia en las ideas que dieron origen a la Reforma de Lutero.
Defendiendo una posición intermedia entre Realismo y Nominalismo, surgió en el siglo XII, la tesis del teólogo
Pedro Abelardo según la cual los Universales no deben considerarse como no existentes pues existen como
conceptos y permanecen en la mente de quienes los piensan, aunque no formen parte de la realidad objetiva.
En esto último nos parece advertir de cierta manera, un elemento de diferenciación entre
existencia y realidad. Con justeza se le ha dado a la tesis de Abelardo el título de Conceptualismo. El Conceptualismo de Abelardo nos parece que se ajusta más a la tesis sustentada por Stephen Hawking, a la que hicimos referencia y que éste identificó como positivista (funcionalismo o instrumentalismo conceptual).
Algo similar al Conceptualismo de Abelardo fue expuesto por Aristóteles en su crítica a las Ideas de Platón recogida en lo que se ha llamado Realismo Moderado. Este considera que los Universales son realidades en las mentes y, aunque carecen de existencia independiente, tienen su fundamento en las cosas existentes.
Este Realismo Moderado será adoptado básicamente por Aristóteles como revisión del realismo
in vacuo que asigna Platón a sus Ideas. Se aviene como vimos al método científico y contribuyó a que con
Santo Tomáscomenzara a prevalecer la razón sobre la fe. Por
Aristóteles se comenzó a considerar que el alma era perecedera, dejando de lado la eternidad del alma que la correspondiente Idea platónica le concedía.
Esta tendencia a la prevalencia de la razón sobre la fe en el mundo cristiano se fue desarrollando a la par con la creación de las ciencias naturales y del método científico.
Este se basaba en la experimentación que ha propiciado que la humanidad haya podido constatar el cumplimiento constante de las leyes, maravillándose por ello. El cumplimiento que mantiene la fe de los científicos tiene una semejanza con la fe del mundo religioso. A ello se refirió
Albert Einstein al decir que la confianza en el nunca fallido cumplimiento de las leyes naturales constituye un acto de fe.
Como expuso en su tiempo
David Hume, el hecho de que siempre veamos seguir a un hecho otro siempre definido, no obliga ni autoriza lógicamente a asegurar su permanente ocurrencia en cualquier otra circunstancia (nos referimos a su conocida discusión del concepto de causa).
Hoy, inmersos en el Paradigma de la Modernidad, el pensamiento propio de nuestra cultura se inclina espontáneamente a razonar a partir de lo que objetivamente percibe y no a partir lo que puedan sugerirle las ideas platónicas.
Esto no significa, como más adelante veremos, que la moderna racionalidad no permita espacio a lo metafísico, al discurrir religioso, a la incertidumbre, a la duda metódica, a la espiritualidad. Esta manera de ver es lo que ha permitido el actual diálogo ciencia-religión.
San Agustín de Hipona San Agustín, obispo de Hipona, desarrolla su filosofía a partir de Platón. Las Ideas que, como explicamos, se consideraban eternas, y eran realmente existentes. En consecuencia afirma que la verdad no consiste en la adecuación de nuestro intelecto con las cosas, a las que accedemos por nuestros sentidos, sino más bien en la correspondencia con las Ideas eternas, o modelos de la mente de Dios que han regido la creación del mundo.
La filosofía de Platón que influye en Agustín es la que pasa por la etapa del neoplatonismo que surge en el período alejandrino. En el neoplatonismo se sostiene el principio de que todo lo existente es el Uno, realidad suprema o gran vacuidad de la que surgen todas las demás realidades por emanación.
Se dice también que las realidades existen por participación en la Idea del Uno. El primer ser emanado es el Logos, también llamado Verbo o Inteligencia que contiene las Ideas de todas las cosas. Como tercera y última emanación el Alma como Idea es el principio del movimiento y la materia. Salta a la vista cómo en la Trinidad cristiana está presente la influencia neoplatónica. Estamos hablando de la filosofía de Plotino.
Santo Tomás de Aquino La controversia de los Universales se suscita en el siglo XI. Por ello, cuando Santo Tomás de Aquino escribe sus Sumas, en que expone una teología influida por Aristóteles, ya se hablaba de Universales y de las Ideas platónicas, aunque revisadas por su discípulo Aristóteles al concebir su Realismo Moderado.
En la filosofía y teología de Tomás de Aquino se refuerza así el papel de la razón, de la mano de la filosofía griega y aristotélica, pero sin rebajar de ninguna manera la imprescindible presencia de la fe cristiana. El conocimiento no surge de la referencia a las ideas eternas, sino de la experiencia sensible; o de los hechos empíricos, como dirá la ciencia.
Por ello, por su referencia a la fe cristiana, en cuanto al alma, Santo Tomás, no obstante, discrepa del aristotelismo al aducir que es inmortal. Discrepa también en cuanto a que considera a Dios creador del universo de la nada, mientras que Aristóteles tenía a Dios como ordenador de un universo eterno.
El aquinense dota de inequívoca personalidad al Dios de Aristóteles y a las Personas de la Trinidad cristiana. Por su valoración de la razón frente a la fe, o en armonía con la fe, el tomismo se hace más aceptable que el agustinismo, todavía referido a la idea platónica de los seres reales.
Algo que también muestra la diferencia entre el tomismo y el agustinismo se manifiesta su acercamiento a lo natural y humano mediante el uso de la razón. Para el tomismo se centra la religiosidad en advertir la presencia de lo divino en la armonía universal, en la maravilla del cumplimiento de las leyes naturales, en comprender que el verdadero milagro es que no se produzcan hechos que violen las leyes naturales que puedan calificarse como milagros.
En la teología actual, influida por el paradigma de la modernidad, se admite la presencia del naturalismo religioso (sólo influencia, que no fundamentación) en Tomás de Aquino. Una muestra de este naturalismo religioso es la tendencia a hacer resaltar la humanidad de Cristo, aunque de ninguna manera el santo teólogo dude de su divinidad.